Cómo dar una mala noticia

Noviembre 8, 2011 | Autor: | Publicado en Familia y crianza

Tener la responsabilidad de dar una mala noticia puede ser tan agobiante como recibirla. Despidos, fallecimientos y hasta diagnósticos fatales hacen que el portador de un mal anuncio padezca más con la tarea de comunicarlo que con el hecho mismo. Cuando el deber es ineludible, considere estos principios para minimizar el impacto lo que tiene que decir.

  1. Maneje la situación en un espacio tranquilo. Invite a la persona con quien hablará a sentarse en un lugar cómodo, preferiblemente aislado. Procure no dar las malas noticias en pasillos, lugares concurridos o en presencia de extraños.
  2. Identifique y convoque a posibles apoyos. No en todas las situaciones es apropiado estar a solas para comunicar un hecho lamentable. Quien acaba de saber la verdad, podría soportar mejor el peso de la realidad si cuenta con alguien cercano para consolarse o compartir el dolor.
  3. Evite en lo posible manifestaciones emotivas que auguren sufrimiento. Aunque usted tenga sentimientos involucrados, intente transmitir fortaleza y serenidad con su expresión corporal y con el tono de su voz. Evite frases comunes que puedan ser mal interpretadas o que den lugar a una sensación anticipada de pena.
  4. Si es procedente, establezca primero lo que sabe la persona sobre las circunstancias para que ella misma elabore su marco referencial. Haga pocas preguntas para abordar el hecho infortunado:  Qué sabe del estado del paciente, cuánto conoce de la situación de la empresa, cuál ha es su cercanía con un familiar… Estas preguntas serán el iniciador natural de la conversación y le permitirán entrar de lleno en su mensaje sin rodeos innecesarios.
  5. Comunique la noticia, de la forma más natural y concreta posible. Asumiendo una actitud neutral, hable con objetividad y de manera sencilla. Transmita lo ocurrido sin eufemismos y no incurra en el error de empezar con frases como “Lamento mucho tener que informarte…” o “Me pesa tanto tener que decirte…”
  6. Espere la respuesta emocional y ofrezca su apoyo. Luego de llegar al centro de la conversación, conviene que usted haga una pausa. Así dará pie para que la persona afectada le responda o manifieste su sentir. Sí hay lugar a ello, ofrézcale el respaldo que realmente esté en capacidad de brindar. Muchas veces el mejor apoyo consiste en ofrecer su silencio para facilitar el desahogo de su interlocutor.

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