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Cómo dar una mala noticia

Tener la responsabilidad de dar una mala noticia puede ser tan agobiante como recibirla. Despidos, fallecimientos y hasta diagnósticos fatales hacen que el portador de un mal anuncio padezca más con la tarea de comunicarlo que con el hecho mismo. Cuando el deber es ineludible, considere estos principios para minimizar el impacto lo que tiene que decir.

  1. Maneje la situación en un espacio tranquilo. Invite a la persona con quien hablará a sentarse en un lugar cómodo, preferiblemente aislado. Procure no dar las malas noticias en pasillos, lugares concurridos o en presencia de extraños.
  2. Identifique y convoque a posibles apoyos. No en todas las situaciones es apropiado estar a solas para comunicar un hecho lamentable. Quien acaba de saber la verdad, podría soportar mejor el peso de la realidad si cuenta con alguien cercano para consolarse o compartir el dolor.
  3. Evite en lo posible manifestaciones emotivas que auguren sufrimiento. Aunque usted tenga sentimientos involucrados, intente transmitir fortaleza y serenidad con su expresión corporal y con el tono de su voz. Evite frases comunes que puedan ser mal interpretadas o que den lugar a una sensación anticipada de pena.
  4. Si es procedente, establezca primero lo que sabe la persona sobre las circunstancias para que ella misma elabore su marco referencial. Haga pocas preguntas para abordar el hecho infortunado:  Qué sabe del estado del paciente, cuánto conoce de la situación de la empresa, cuál ha es su cercanía con un familiar… Estas preguntas serán el iniciador natural de la conversación y le permitirán entrar de lleno en su mensaje sin rodeos innecesarios.
  5. Comunique la noticia, de la forma más natural y concreta posible. Asumiendo una actitud neutral, hable con objetividad y de manera sencilla. Transmita lo ocurrido sin eufemismos y no incurra en el error de empezar con frases como “Lamento mucho tener que informarte…” o “Me pesa tanto tener que decirte…”
  6. Espere la respuesta emocional y ofrezca su apoyo. Luego de llegar al centro de la conversación, conviene que usted haga una pausa. Así dará pie para que la persona afectada le responda o manifieste su sentir. Sí hay lugar a ello, ofrézcale el respaldo que realmente esté en capacidad de brindar. Muchas veces el mejor apoyo consiste en ofrecer su silencio para facilitar el desahogo de su interlocutor.

Cómo defender a sus hijos del ciberacoso escolar o ciberbullying

El acoso escolar es una dolorosa realidad para niños y jóvenes que se ha trasladado con preocupante fuerza al escenario de las relaciones virtuales por internet. Cobijados por el anonimato, muchos acosadores llevan a extremos de sufrimiento a sus víctimas, difundiendo burlas o rumores, que en algunos casos terminan en deserción escolar y hasta en suicidio. ¿Qué hacer? Estas recomendaciones son esenciales para defender a sus hijos del ciberacoso, también conocido como ciberbullying.

  1. Esté atento a señales de alerta: depresión en casa, pérdida del interés en actividades sociales con los amigos, súbita aversión a la internet y baja repentina en el rendimiento escolar, entre otros sucesos o conductas extrañas que usted juzgue fuera de lo común.
  2. Manifiéstele a su hijo o hija, víctima del ciberacoso, todo su respaldo. Hágale sentir que es posible ponerle fin a la pesadilla partiendo de la confianza y la acción conjunta.
  3. Si el ciberacoso que se origina en un centro de educación, póngase en contacto con las autoridades del mismo y exponga su caso. Muchas veces el acoso virtual es sólo un reflejo de un drama de acoso real mucho peor.
  4. Por ningún motivo le indique a la víctima que destruya los mensajes o el material agraviante. En la legislación de la mayoría de los países ya se contemplan sanciones para los ciberacosadores, razón por la cual es importante conservar pruebas de sus acciones. Expertos en informática forense pueden usarlas para determinar ubicación e identidad de quien ha perpetrado los ataques.
  5. Recomiende con mucho énfasis evitar caer en la trampa de la provocación respondiendo al fuego con más fuego. En tales circunstancias es fácil pasar de víctima a victimario, pues al intentar devolver el golpe, se puede afectar la vida y honra de personas inocentes. Es muy común que los ciberhostigadores asuman la identidad de otros para crear conflictos y obtener las reacciones airadas o desesperadas de quienes son blancos de su crueldad.